educación
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¿Vale la pena estudiar? II El extraño caso de la FP
por Samuel Bentolila (CEMFI)
Aparentemente, en este país muchos jóvenes piensan que “estudiar es un timo”1. Tanto si esto fuera cierto como si no lo fuera pero los jóvenes lo creyeran, estaríamos ante un problema muy grave. Aportemos algunos datos básicos sobre la rentabilidad económica de estudiar en España.
Datos básicos
Una forma sencilla de calcular la rentabilidad (pecuniaria) de estudiar es ver cómo cambia al aumentar el nivel educativo la renta laboral esperada del trabajador, que se define como:
Renta esperada=[Probabilidad de empleo x Salario] + [Probabilidad de paro x Renta en paro]
(La renta en el paro serían las prestaciones por desempleo, si se tienen.)
Como aumentar el nivel de estudios afecta no solo a la renta actual sino también a las rentas futuras, la decisión de seguir estudiando o no dependerá de esta variable: la diferencia entre (a) el valor actual descontado de la suma de flujos anuales futuros de renta esperada para alguien con un nivel educativo mayor (nivel 1) y (b) ese valor para alguien con estudios de menor nivel (nivel 0).
La idea es sumar las rentas actuales y futuras, descontándolas –es decir, adjudicándoles una menor ponderación– por suceder en el futuro en vez de ahora, para distintos niveles educativos, y hallar la diferencia entre ambas sumas. También hay que restar el coste de los estudios de nivel 1. Si la diferencia es positiva la persona decidirá seguir estudiando y en otro caso no lo hará.
Dada la importancia de los flujos de renta futuros, centrémonos aquí en los trabajadores mayores de 20 años (para los de 16-19 años las características que siguen son aún más acusadas).
Aproximemos la probabilidad de estar parado por la tasa de paro. Ésta varía mucho con el nivel educativo. E
1 El Confidencial (2009): “Estudiar es un timo”, 13/06/2009
Gráfico 1 muestra las tasas de paro medias por niveles educativos para la población de 20-24 años y de 30-44 años en el periodo 2005-2010 en España:
Gráfico 1. Tasa de paro por nivel de estudios y edad, 2005-2010 (%)

Se observa que la tasa de paro es mucho mayor para los más jóvenes (en media, el 22% frente al 11%). Además, los trabajadores de 20-24 años que terminan la secundaria obligatoria (ESO, 1ª etapa) tienen una tasa de paro 5.6 puntos porcentuales menor que los que solo acaban primaria y los de 30-44 años, 5.1 puntos menor. El fracaso escolar en la ESO es aparentemente muy costoso.
En tercer lugar, por comparación con haber terminado la ESO, tener secundaria postobligatoria (Bachillerato y FP, 2ª etapa) reduce la tasa de paro en casi 4 puntos porcentuales y tener estudios superiores (predoctorales) en 5 puntos. En el grupo de 30-44 años las mejoras respectivas son de 3.4 puntos y 7.2 puntos. El incentivo económico a estudiar más allá de la ESO no es, en principio, despreciable.
Por otra parte, el aumento de renta laboral por tener más estudios es también significativo, aunque menor que en otros países. El Gráfico A7.1, tomado de Panorama de la educación. Indicadores de la OCDE 20102, muestra que los ingresos laborales derivados de la educación secundaria de 2ª etapa son un 19% mayores que los de tener un menor nivel educativo, frente al 22% en la media de la OCDE. No obstante, para los trabajadores de 25-34 años, la diferencia es solo del 7% en España, frente al 18% en la OCDE.
2 Ministerio de Educación (2010): “Panorama de la educación. Indicadores de la OCDE 2010. Informe Español”, Secretaría de Estado de Educación y Formación Profesional, Instituto de Evaluación Madrid.
Gráfico A7.1 (extracto de la Tabla A7.1) Ingresos relativos de la población que percibe rentas del trabajo (2008 o año de referencia indicado Por nivel de formación de la población de 25 a 64 años (segunda etapa de Educación Secundaria = 100)

La diferencia es mayor para la educación terciaria o superior. Con respecto a la secundaria postobligatoria, el rendimiento es del 38%, frente al 53% en la OCDE Solo en Suecia y Noruega es más baja esta diferencia (imagino que por la compresión salarial derivada de la negociación colectiva, que es muy centralizada). En parte esta menor rentabilidad puede deberse a que, como indicaban Felgueroso, Garicano y Jiménez3 en una entrada reciente en Nada es Gratis, muchos trabajadores solo consiguen empleos inferiores a la cualificación que poseen.
Podríamos ahora calcular cambios en las rentas esperadas derivados del aumento del nivel educativo. Pero, aunque interesante, esta medida es limitada. Por una parte, estos datos no tienen en cuenta otras características, como el sexo, la experiencia laboral, la cohorte, etc., y son meras medias que no captan efectos causales.
Además, para el bienestar individual no solo importa el salario, sino también otras condiciones de trabajo, como
3 Felgueroso, Florentino, Sergi Jiménez y Luis Garicano (2010):¿Vale la pena ir a la Universidad? (1): El subempleo peor de Europa”, Nada es Gratis, 06/10/2010
la duración y la distribución de la jornada. Ni tampoco importa solo la probabilidad de estar empleado, sino también la estabilidad del empleo. La tasa de empleo temporal es muy alta, especialmente en los jóvenes (datos de 2005-2010): del 58% para los de 20-24 años frente al 42% en los trabajadores de 30-39 años y del 22% en los de 40-49 años.
Más concretamente, la distribución del nivel educativo por tipo de contrato, por ejemplo en 2009:3, es la siguiente4:
| Porcentajes | Educación hasta ESO | Educación secundaria postobligatoria | Educacion superior |
| Temporales | 45.2 | 33.7 | 21.0 |
| Indefinidos | 36.5 | 36.1 | 27.4 |
Se observa que los temporales tienen un nivel educativo más bajo que los fijos. Esto podría deberse a que tener un nivel de estudios más alto reduce la probabilidad de que al trabajador le ofrezcan un contrato temporal o a otras razones.
En suma, los datos sugieren que alcanzar un mayor nivel de estudios ayuda a tener mayores salarios, sufrir una menor tasa de paro y tener empleos más estables. Sin embargo, estos efectos favorables no parecen inducir una demanda de estudios suficiente (salvo en las crisis).
El extraño caso de la FP
En España faltan graduados de formación profesional (FP), como proporción de la población, en relación con lo que sucede en otros países europeos. ¿Hasta qué punto se debe esta situación a la ausencia de incentivos económicos?
Es bien sabido que el nivel educativo de la población española tiene, por comparación con otros países, una forma de “reloj de arena”: más personas con educación primaria o secundaria obligatoria (ESO) y más con formación terciaria. Este cuadro muestra algunos datos:
| Primaria | Secundaria obligatoria | Secundaria post-obligatoria | Terciaria | |
| Francia | 12 | 18 | 42 | 27 |
| Alemania | 3 | 11 | 60 | 25 |
| Italia | 14 | 32 | 40 | 14 |
| España | 21 | 27 | 22 | 29 |
Fuente: Education at a Glance 2010, OCDE
El déficit en la educación secundaria post-obligatoria (SPO) se debe sobre todo a la FP. Pero, como estos stocks no reflejan necesariamente los flujos actuales, hay que analizar la situación de los jóvenes. En el curso 2008-20095 el 70% de los jóvenes en SPO estaban matriculados en Bachillerato y el 30% en FP de grado medio.
¿Hay determinantes económicos en la elección entre Bachillerato y FP? Ésta es la pregunta que Cristina López-Mayán se plantea en un trabajo reciente. Para contestarla usa la Encuesta de Transición Educativo-Formativa e Inserción Laboral (ETEFIL), que contiene datos individuales de 2001 a 2005 de los alumnos que acabaron la ESO en 2001.
En su muestra, el 80% de los jóvenes opta por el Bachillerato al terminar la ESO, el 14% por la FP y el 6% no sigue estudiando (entre los varones las cifras respectivas son 75%, 18% y 7%). Estas cifras son compatibles con las anteriores, porque el número de matriculados depende de cuántos repitan curso y cuántos abandonen los estudios tras empezarlos. Por ejemplo, en Bachillerato tras el primer año repite curso el 13% y en la FP el 17%. Y en el Bachillerato se gradúa el 79% pero en la FP solo lo logra el 67%.
Un indicador de la aptitud de los alumnos para el estudio es la repetición de curso. Resulta que entre los que acaban la ESO con 16 años (o sea, no repetidores) el 91% elige el Bachillerato, el 7% la FP y el 2% no sigue estudiando. Pero entre los que acaban la ESO con 18 años (es decir, repitieron curso 2 veces) las cifras respectivas son 36%, 43% y 21%. Esto sugiere que los que eligen la FP tienen menor aptitud para el estudio de los que cursan Bachillerato.
5 Estadísticas del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte:
El trabajo citado analiza la decisión de los jóvenes de seguir estudiando o no –distinguiendo en el primer caso entre Bachillerato y FP– y permitiendo que tengan en cuenta aspectos como las probabilidades de pasar de curso y alcanzar el título. También permite que tengan en cuenta el rendimiento salarial de cada nivel de estudios, lo que requiere a su vez considerar la probabilidad de que más adelante quieran seguir estudiando: por ejemplo, el 73% de los que acaban el Bachillerato va a la Universidad y el 8% de los que acaban la FP de grado medio sigue a la FP superior.
Tras calcular el valor actual descontado esperado de todo el flujo vital de salarios reales, usando la Encuesta de Estructura Salarial, se encuentra que, en comparación con tener solo el título de ESO, graduarse en la Universidad genera un aumento medio de renta laboral del 67% y graduarse en Bachillerato un aumento del 42%, mientras que graduarse en FP genera un aumento del 36% (aunque en todos estos casos hay grandes diferencias entre regiones y por sexo). Esto sugiere, por ejemplo, que estudiar Bachillerato es rentable solo si se va a ir a la Universidad.
En la primera parte de este Apunte, se mostró que estudiar parece ser rentable en España, pues cuanto mayor es el nivel educativo mayor es el salario y menores son las tasas de paro y de temporalidad. Pero no podemos inferir que esas correlaciones capten efectos causales de estudiar, porque las personas de distintos niveles educativos tendrán distintas características. En particular, la productividad tiende a ser mayor cuanto mayor es el nivel educativo. Por tanto, no podemos concluir directamente que si una determinada persona pasara de tener el título de FP a tener el de Bachillerato ganaría un x% más simplemente comparando los salarios medios de los graduados de FP y de Bachillerato, entre otras cosas porque la decisión de qué estudiar la toman las personas teniendo en cuenta su propia aptitud para el estudio. Sin embargo, las estimaciones del trabajo que estoy comentando, al
tener en cuenta las variables mencionadas (y, mediante algunos supuestos en la estimación econométrica, algunas diferencias no observadas) sí permiten hacer comparaciones más homogéneas.
Pues bien, las estimaciones del trabajo indican que el rendimiento monetario de graduarse en FP seguramente es demasiado bajo. En concreto, si subiera (exógenamente) un 10% el salario de los graduados de FP, sucedería lo siguiente: entre los graduados de la ESO seguiría estudiando un 1.5% más que ahora y estudiaría FP un 11% más, y entre los que estudian FP se graduaría un 3% más. Además, estas respuestas son mucho mayores que las generadas, entre los alumnos de Bachillerato, si se elevara en un 10% el salario de los graduados de Bachillerato o el salario de los universitarios.
Hay varios factores que pueden explicar estos resultados. Por ejemplo, es difícil medir cuál es la variación de la productividad de los trabajadores en función de la variación de su nivel educativo. Pero creo que debe de ser relevante para generarlos la escasa respuesta de los salarios a las variaciones de la productividad que se da en España (lo que nos lleva de nuevo a la reforma de la regulación de la negociación colectiva).
Publicado originalmente en Nada es Gratis como “¿Vale la pena estudiar? (II) Datos básicos”, el día 14 de octubre de 2010, y “¿Vale la pena estudiar? (V). El extraño caso de la FP”, el día 23 de noviembre de 2010.