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ALGUNAS CARACTERISTICAS DE LA

DEMANDA DE TRABAJO EN ESPAÑA

Alfonso Novales

Documento 89-01

A aparecer en la revista del Colegio de Economistas de Madrid. El artículo es una recopilación de los resultados obtenidos recientemente por diversos autores acerca de las características del mercado de trabajo en España.

INTRODUCCION.

La persistencia de las altas cifras de paro de los distintos colectivos de población activa española constituye, quizá, el problema socioeconómico de mayor trascendencia del momento actual. Este fenómeno es consecuencia de la evolución seguida tanto por la oferta como por la demanda de trabajo.

Tras examinar la evolución sectorial del empleo en España, analizamos en este artículo las principales características de la demanda de trabajo, prestando especial atención a su sensibilidad ante variaciones en los salarios y en el ritmo de la actividad económica. Se estudía la importancia relativa de los distintos factores que han podido tener una incidencia negativa sobre el empleo: alzas en los salarios reales, costes de ajuste de plantilla, restricciones de demanda, así como sus implicaciones en el diseño de políticas encaminadas a la creación de empleo. Por último se discuten medidas impositivas que pudieran tener un efecto incentivador sobre el empleo.

1. EVOLUCION TEMPORAL DEL EMPLEO.

Las últimas dos décadas han sido, en términos netos, claramente negativas en cuanto a la creación de empleo en España se refiere. Sin embargo, conviene distinguir diferentes etapas en este proceso. La crisis económica que a partir de 1973 afectó a la mayoría de las economías occidentales, no tuvo efectos inmediatos sobre el empleo en nuestro país. En el bienío 1975-1976 la dismi nución en el empleo agrícola, ya habitual desde 1966, no pudo ser absorbida por el resto de los sectores productivos, que no generaron empleo.

Es a partir de 1977 cuando empieza a manifestarse claramente el proceso de destrucción de empleo industrial, que se superpone al continuado descenso en el empleo agrícola y a una estabilización del empleo en el sector servicios. Junto al persistente incremento en la población activa (especialmente femenina), la importancia de la pérdida de empleo industrial desencadenó una escalada en la tasa de paro hasta alcanzar casi un 22% en 1985, destruyéndose cerca de dos millones y medio de puestos de trabajo.

El número de parados sobrepasó los 3.000.000 en 1987. Aunque a partir de 1985 se ha interrumpido la caída del empleo, el continuado incremento de la población activa durante estos años ha impe- dido que el fuerte rítmo de creación de puestos de trabajo (unos 400.000 por año desde 1985) sea suficiente para reducir significativamente la tasa de paro.

Una importante característica diferencia el citado proceso de fuerte incremento en las cifras de paro del ocurrido en el exterior. En la mayoría de las economías occidentales el paro aumentó porque el empleo no pudo seguir el ritmo de crecimiento de la población activa. En España, sin embargo, el incremento en el desempleo responde fundamentalmente a un proceso de destrucción neta de empleo.

La evolución sectorial de la ocupación en

España desde 1964 incluye un descenso continuado del empleo agrícola (un 35% entre 1976 y 1986) y un importante proceso de destrucción del empleo en la industria (un 22% en igual período), así como en la construcción (un descenso del 33%); el empleo en el sector servicios experimentó alguna oscilación, aumentando en términos netos un 10%.

El efecto final sobre la distribución de la ocupación, a partir de 1964, ha sido un importante descenso en el empleo agrícola, una disminución en la importancia relativa del industrial, y un fuerte avance en el porcentaje de empleo captado por el sector servicios (véase Gráfico 1). La ocupación en sectores no agrícolas creció entre 1964 y 1975, mientras que el empleo total permanecía prácticamente estabilizado (ver Gráfico 2). El conjunto de los sectores no agrícolas absorbían el 78.3% del empleo (9.658.000 trabajadores) a finales de 1976, pasando a representar el 85.9% del mismo en el tercer trimestre de 1988, dando ocupación a 10.176.000 trabajadores.

EL EMPLEO POR SECTORES (en miles de personas)

AgriculturaIndustriaConstrucciónServiciosEmpleo no AgrícolaTotal
(1964,4)
Total4141.12928.7851.03334.37114.011255.1
% empleo36.8%26.0%7.6%29.6%63.2%100%
(1976,4)
Total2655.03367.21199.85090.79657.612312.9
% empleo21.6%27.3%9.7%41.3%78.3%100%
(1986,4)
Total1738.52630.5806.45603.69040.510779.1
% empleo16.1%24.4%7.5%52.0%83.9%100%
(1988,3)
Total1674.92804.51057.06314.410176.011850.9
% empleo14.1%23.7%8.9%53.3%85.9%100%

Gráfico 1

Gráfico 1
Figura

(Fuente: EPA)

Gráfico 2

La industria ha pasado de representar el 27.3% del empleo total, a suponer el 23.7% del mismo. La tercera parte de la pérdida de empleo industrial entre 1976 y 1986 (730.000 trabajadores) se produjo en el subsector Textil, Confección y Cuero, y una cuarta parte en la Metalurgia. Por otra parte, la reciente recuperación del empleo industrial se está produciendo en los pequeños establecimientos, por lo que la creación de nuevas empresas puede ser una importante vía para generar empleo en el futuro.

Sin embargo, en comparación con otros paí-

ses, la evolución del empleo en el sector servi-

cios ha sido modesta. En los países de la OCDE,

con un aumento promedio en el número de trabajado-

res del 21% entre 1976 y 1986, dicho sector cons-

tituía el principal motor de creación de empleo.

El aumento de la ocupación en este sector se ha-

producido en España en los subsectores de Educa-

ción, Investigación, Cultura y Sanidad, y de Otros

Servicios, sugiriendo que la creación de puestos

de trabajo en el sector público es la principal

razón para que el empleo en el sector servicios no

En efecto, el sector público fue un importante generador de empleo durante la década 1976-86. En dicho período, el número de varones y mujeres asalariados en dicho sector aumentó en un 27% y 89%, respectivamente, mientras que disminuyó el número de asalariados de ambos grupos en el sector privado en un 20% y 16%, respectivamente. El sector público ha pasado de absorber el 11% del empleo total a fines de 1976, a representar el 15.8% en el segundo trimestre de 1988; y de ocupar el 15.6% del empleo asalariado, a ocupar el 22.2% del mismo.

2. LA SENSIBILIDAD DEL EMPLEO A VARIACIONES EN EL PRODUCTO Y EN LOS SALARIOS REALES.

Recientemente, A. Treadway ((1988a), (1988b)) ha realizado un análisis del empleo y la producción en las distintas áreas de actividad de la economía española, tras homogeneizar los datos procedentes de la Encuesta de Población Activa y de la Contabilidad Nacional acerca de dichas variables para el período 1964-1986 .

Utilizando esta información estadística homogénea, Treadway ha analizado la relación que pudiera existir entre el empleo y la actividad productiva en cada una de las áreas de actividad de la economía española. Los resultados del estudio apuntan a que una aumento permanente del 1% en la cantidad del producto medida por la Contabilidad Nacional en el agregado de la economía hace crecer el empleo en unos 90.000 trabajadores.

Al analizar esta misma cuestión por sectores se tiene que un incremento permanente del 1% en la producción industrial hace aumentar el empleo en unos 27.000 trabajadores, mientras que un aumento similar del producto genera un incremento en el empleo de 6.500 trabajadores en el sector de la Construcción, no detectándose relación en la Agricultura y Pesca y en el sector Servicios.

Los sectores considerados en la homogeneización de los datos de empleo son: 1) Agricultura, Ganadería y Caza, 2) Pesca, 3) Electricidad, Gas y Agua, 4) Material de Transporte, 5) Alimentación, 6) Textiles 7) Madera y Muebles, 8) Papel y Artes Gráficas, 9) Resto de la Industria no incluida en los sectores anteriores, 10) Construcción 11) Comercio, 12) Restaurantes y Hostelería, 13) Transportes, 14) Comunicaciones, 15) Otros servicios. En el caso del producto se han homogenizado los datos en: a) Agricultura y Pesca, b) cada uno de los sectores 3) a 9) anteriores, y c) cada uno de los sectores 11) a 15) antes citados.

Dentro del análisis cuantitativo acerca de la respuesta de la demanda de empleo a variaciones en el precio del factor trabajo, se ha llevado a cabo en los últimos años una profusión de trabajos econométricos encaminados, entre otras cosas, a obtener una estimación de la elasticidad del empleo con respecto al salario real. Para el agregado de la economía española los valores estimados de dicha elasticidad oscilan entre -.75 y -1.0 (véase García et. al. (1986) y Andrés et. al. (1987)). En el caso de la industria, la elasticidad de la demanda de empleo con respecto al salario real parece algo mayor en valor absoluto, oscilando entre -.95 y -1.32 (véase García et. al. (1986) y Dolado et. al. (1986)) .

Para obtener una medida de la sensibilidad de la demanda de empleo industrial a variaciones en los salarios reales y en el nivel de producción deseado, Servén (1987) utilizó las empresas industriales que respondieron al cuestionario de la Central de Balances para los años 1981-1985 para realizar un análisis sectorial de ambas cuestiones. Las elasticidades-producto estimadas son todas ellas próximas a la unidad. Las elasticidades-salario estimadas son todas negativas y presentan una mayor dispersión, quizás como reflejo de las diferencias tecnológicas entre los distintos sectores. También es cierto que la pre-

Para una información más detallada acerca de las comparaciones entre los valores paramétricos estimados por los distintos autores, véase Dolado (1988).

cisión de las estimaciones no es muy grande. De

acuerdo con estos resultados, no se puede rechazar

el supuesto de igualdad de las elasticidades con

respecto al producto y al salario en los distintos

sectores. Por último, un contraste de existencia

de rendimientos constantes a escala permite mante-

ner dicha hipótesis excepto para los sectores de

Metal, Automóvil y Textil, que parecen presentar

modestos rendimientos crecientes a escala.

De acuerdo con estos resultados, una posible causa explicativa de la importante caída en el empleo sería la evolución de los salarios reales, que han registrado un fuerte crecimiento en los últimos veinte años. Aunque las deficiencias de la información salarial española hacen difícil determinar con precisión la magnitud de ese aumento, cabe afirmar que en 1965-85 se situó, al menos, en torno al 100%. A esta elevación de los salarios reales se sumó el encarecimiento de las materias primas -en particular, la energía- en los años 70, que también debió tener consecuencias apreciables sobre el empleo a través de la reducción de la rentabilidad de las empresas.

Sin embargo, existen algunos detalles que hacen dudar de la validez de los estudios que fundamentan la caída del empleo exclusivamente en la evolución de los precios relativos. En particular, la destrucción de empleo no agrícola comienza a producirse en 1977-78 -mientras las alzas salariales se concentran en los años precedentes-, y adquiere especial virulencia a partir de 1979, cuando los salarios reales muestran una evolución más moderada.

3. LA CAIDA DEL EMPLEO COMO CONSECUENCIA DE LA INSUFICIENCIA DE DEMANDA

Una posible explicación complementaria de la caída del empleo la constituyen las restricciones de demanda como límite efectivo a las decisiones de contratación de las empresas. Esta posibilidad ha sido investigada por L.Servén (1988b) , subrayando los efectos de los cambios producidos en el contexto económico nacional e internacional a fines de los 70.

A partir de 1978, las autoridades económicas españolas emprendieron una activa política anti-inflacionista, que se ha mantenido con algunos altibajos hasta el presente. Paralelamente, la actividad productiva mundial registró una notable desaceleración a principios de los 80, generalizándose las políticas monetarias de signo restrictivo, con persistentes alzas en los tipos de interés reales (ex-post).

Como muestran Sebastián y Servén, ese proceso se habría visto facilitado por la brusca elevación de los tipos de interés reales a principios de los 80, que habría impedido a las empresas seguir financiando sus pérdidas corrientes a bajo coste en espera de tiempos mejores.
Para evaluar esta cuestión, Servén (1988b) utiliza un marco teórico de desequilibrio en el que las empresas pueden hallarse racionadas en el mercado de su producto final. Este modelo es similar al utilizado por Andrés et al.(1988).

La consiguiente desaceleración de la demanda agregada en los 80 ha podido desempeñar un papel crucial en la caída del empleo . A pesar de la mayor moderación salarial, muchas empresas podrían haberse visto restringidas en sus decisiones de producción y empleo por la debilidad de la demanda. No hace falta subrayar las implicaciones de tal situación para la política económica ya que, en ese caso, las recomendaciones de moderación salarial deberían pasar a segundo plano para dejar paso a un relanzamento de la demanda agregada.

Determinar la importancia relativa de cada uno de los factores citados (evolución de los precios relativos, costes de ajuste de plantilla, errores de apreciación del grado de persistencia de las alzas salariales, restricciones de demanda) es crucial cuando se pretende diseñar el conjunto de medidas de política económica más idóneas para reducir el paro en España. Los resultados empíricos obtenidos por Servén (1986b) así como por Andrés et. al. (1988) sugieren que la desaceleración de la demanda a partir de 1978-79 jugó un importante papel en la evolución reciente del empleo.

En el comienzo de la década de los 70 la demanda de trabajo parece venir determinada fundamentalmente por los precios relativos y la capacidad instalada, con la demanda efectiva jugando un papel secundario. A partir de 1978 la situación se invierte, y el régimen dominante pasa a ser Keynesiano, con la debilidad de la demanda restringiendo de modo significativo las decisiones de empleo de las empresas. La evolución de los salarios reales ha seguido incidiendo sobre el empleo, pero en esta última fase sus efectos se han trasmitido basicamente por la vía de la sustitución de trabajo.

Esta suposición se ve confirmada, para el caso del sector industrial, por los resultados de Dolado, Malo y Zabalza (1986) y Servén (1986b), que utilizan marcos teóricos de competencia monopolística y de desequilibrio, respectivamente.

A juicio de Servén (1988b), una política de relanzamiento de la demanda, no acompañada por una expansión de la capacidad instalada o de un descenso en los salarios reales, no permitiría elevar de modo sustancial el nivel de actividad y el empleo. Según este autor, la discrepancia entre oferta potencial y demanda keynesiana se ha reducido, en el pasado reciente, a unos cuatro puntos porcentuales, sensiblemente lejos de las cifras que permitirían absorber el ingente volúmen de paro que registra la economía española. Para abordar dicha tarea parece indispensable la combinación de medidas de estímulo dirigidas tanto a la oferta como a la demanda agregadas. En un análisis de la misma cuestión, Andrés et.al. (1988) concluyen que mediante políticas de expansión de la demanda agregada se habría conseguido reducir la tasa de paro en 1985 en tan sólo 2 ó 3 puntos porcentuales.

Un último aspecto relevante de la demanda de

trabajo lo constituye el impacto que las distintas

normas legislativas tienen cuando las empresas

están en unas condiciones que les permiten plan-

tearse aumentar sus plantillas. Recientemente,

una serie de trabajos ha tratado de evaluar el

grado en que el actual sistema de cotizaciones a

la Seguridad Social frena los incentivos a la

creación de empleo (ver Zabalza et al. (1987),

Rogerson (1987a) y (1987b), Zabalza (1988), Servén

(1988a). Para analizar tal cuestión, los distintos

investigadores han planteado si un procedimiento

alternativo de recaudación, como el impuesto sobre

el valor añadido (IVA), pudiera constituir un

menor freno en el proceso creador de empleo.

Rogerson ha mostrado que, dado un deter-

minado nivel de empleo, la recaudación impositiva

puede ser mayor con un impuesto sobre el valor

añadido que con un impuesto sobre la masa sala-

rial. De igual modo, y para un volumen recauda-

torio dado, se genera mayor empleo con un impuesto

sobre el valor añadido que con un impuesto sobre

el empleo. En el caso español, una razón adicional

que podría justificar la sustitución de impuestos

citada es su impacto sobre las empresas exportado-

ras que, de acuerdo con la legislación vigente,

pueden desgravar el IVA, pero no las cotizaciones

sociales.

Las opiniones no son unánimes. Algunos ex-

pertos (véase Zabalza (1988)) mantienen que el

impacto de tal medida sobre los costes laborales serían mínimos, y su impacto sobre el nivel de empleo, despreciable. Por otro lado, Serven (1988) ha elaborado un marco analítico en el que evalúa que una reducción de un punto porcentual del tipo de las cotizaciones empresariales (acompañada del incremento preciso en el tipo impositivo indirecto de modo que el total recaudado no variese), haría aumentar el empleo asalariado en casi medio punto porcentual, mediante una caída de igual magnitud en el coste real del trabajo .

Si, en el medio plazo, la reducción de los costes salariales se traslada a los precios de los bienes, entonces los efectos inflacionistas del cambio fiscal son reducidos, aun suponiendo indiciación perfecta de los salarios. A corto plazo, la falta de traslación completa de la reducción de costes podría resultar en una mayor presión alcista sobre los precios.

Un posible inconveniente de la restructuración impositiva que aquí se propone es su efecto redistributivo sobre la renta. Por ello, a corto plazo sería preferable reducir de forma sustancial unicamente las cotizaciones sociales correspondientes a la creación neta de empleo.

Este efecto positivo es mayor cuanto menores la participación del trabajo en los costes de producción y cuanto menor sea la elasticidad del salario exigido por los trabajadores con respecto al nivel de empleo.

REFERENCIAS

Andrés, J. Molinas, C., Sebastian, M. y A. Zabalza (1988): "The Influence of Demand and Capital Constraints on Spanish Unemployment" Documento SGPE-D-88001. Dirección General de Planificación, Ministerio de Economía y Hacienda.

Dolado, J., J.L. Malo y A. Zabalza (1986): "Spanish Industrial Unemployment some Explanatory Factors", Economica 53, S313-S334.

Dolado, J. (1988): "Valoración crítica de las estimaciones econométricas disponibles de la relación entre los precios relativos y el empleo en la economía española", manuscrito García, J. et. al. (1986).

Rogerson, R. (1987a): "Dismissal Restrictions, Investment and Employment an Application to Spanish Industry". Documento 87-03 FEDEA.

Rogerson, R. (1987b): "The effects of Payroll and Value Taxes on Employment with an Application to Spain". Documento 87-04 FEDEA.

Sebastian C. y L. Servén (1987): "Análisis de simulación en la industria española". Libro 3 FEDEA.

Servén L. (1987): "An econometric analysis of the demand for labor in Spanish manufacturing" Documento 87-11 FEDEA

Servén, L. (1988a): "La sustitución de cotizaciones sociales por IVA: una evaluación. Documento 88-06 FEDEA.

Servén, L. (1988b): "La evolución del empleo en España 1966-1985: un análisis de desequilíbrío". Documento 88-13 FEDEA

Treadway, A. (1988a): "El empleo por sectores productivos en 1964-1986: Análisis y homogeneización de las series EPA y GTE". Documento 88-12 FEDEA

Treadway, A.(1988b): "Análisis sectoriales de la relación empleo-producto: 1964-1986". Documento 88-15 FEDEA

Zabalza, A. (1988): "Los efectos económicos de las cotizaciones a la Seguridad Social", incluido en La fiscalidad de la empresa, Madrid, FEDEA.

Zabalza, A., C. Molinas y A. Lasheras (1987): "Una evaluación de la política de sustitución de cuotas a la Seguridad Social por IVA", Documento 87001, Ministerio de Economía y Hacienda.